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El que tenga oídos, escuche.
Camila Rivera Robertson
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Seguir estos ritmos… seguirlos me parece agobiante. Es el mundo como la explanada de una parodia real que tiene a todos corriendo y organizando ingenuamente la destrucción del alma y como si fuera poco, también la de los posibles genios. Parece que el curso de la historia fue interrumpido abruptamente por un par de feas guerras y la simultanea aparición de unas tecnologías de la información y la comunicación, quizás más mortales que las primeras.
Teniendo una sed escandalosa por conocer a alguien que haya roto esos esquemas melancólicos en algún porcentaje remediable y con la dignidad de una superación de vida abrupta y continua, descubrí a Hernán Rivera Letelier. Tuve suerte, Antofagasta es una ciudad de paso, pobre de referentes identitarios y pobre de muchas cosas relacionadas con el arte.
Tuve también, un deseo impostergable de corporizar el concepto visceral de este texto. Mi ansiedad apuntaba a descubrir porque este escritor pampino y no el resto de los que aspiran a su éxito, lo logran.
En un naufragio casi épico por su mentalidad, me encontré con un circunspecto niño contrariamente excéntrico, hipoactivo de movimientos – hiperactivo de pensamiento, que en cierta medida luminosa, sorbí como el parásito del arte que aún me siento.
Hernán y el mundo
A pesar de que Hernán se relaciona con la tecnología al revisar artículos, correos en Internet, y escribir novelas en su notebook año 2000, utiliza éstas herramientas de una manera muy básica. No es un hombre que comparta conversaciones en foros, desarrolle trabajos literarios o de opinión en blogs, Facebook y todas esas novedades de los últimos 10 años en el ciberespacio. Prefiere la conversación in situ con la realidad cuerpo a cuerpo, ojo por ojo y con la verbalidad espontánea de los adolescentes. Es también, un hombre solitario que lee mucho y crea a la vez que escribe, cerca del 60% de su día funcional. Sus pasatiempos son caminar en lugares centrales de la ciudad, leer poesía, tomar café cada mañana en el centro y de vez en cuando tomarse una cerveza en algún pub de la Av. Brasil o el mall.
Como provinciano todo este sistema de vida le sirve como trampolín a experimentar mayor cantidad de veces, la subliminidad egocéntrica del genio, esa que quizás la potencialidad de los que se aventuraron muy adentro de las fauces santiaguinas, perdieron con el residuo destructivo del intercambio entre los grandes… grandes pérfidos chilenos, artistas sin autoestima y eruditos bebiendo sentados el café, con sus curriculums sobre el diario matutino y/o bajo la frente, en algún local de una avenida principal.
No infiera por favor con todo esto, que sentencio que Hernán es un genio. Sí, que tiene un humano sentido para llegar a serlo. Su contacto invariable con la naturaleza del medio circunferencial a sí mismo y su impostergable mundo interior en permanente diálogo con los subterráneos inconscientes de su infancia y adultez obrera, le dan un carácter de hombre sustancial y cultivante. En ningún caso se trata de un Hernán abrazando árboles en el camino, o de un implacable contemplador del mar y sus incendios crepusculares, menos de un visitante recurrido de la dolosa pampa, a la que no ha vuelto desde fines de los ochentas. Más bien es un Hernán solitario, reflexivo y creador de mundos posibles, a través de su propia historia de vida y de una lectura íntima de los códigos naturales del medio social, el ser humano y el universo de sus relaciones materiales y metafísicas.
Di Vinci recorría un lugar a otro en carreta o a pie por los campos florentinos y vincianos de Italia. Su gama observativa de tonalidades y detalles intrínsecos del mundo, le entregaron una pauta neurodiversa para su obesa creatividad de hombre ascético. Puede ser el caso del evidente estancamiento actual de estos íconos, que los medios de transporte, el celular, el computador y todo lo demás que ya sabemos irremediablemente existe como extensiones de nuestro cuerpo, refrene el concebimiento de los genios del pasado. Así es, que terminamos diciendo convencidos hasta la yugular, que ya no queda nada más soberbio para crear, sólo la posibilidad de combinar burda o suavemente los elementos existentes, para innovar sustancias predecibles y fatigables. Y yo me pregunto, en esta ínfima porción de planeta sobre la que escribo, si el universo es infinito ¡cómo es posible que digan eso!
Alumnos de fotografía desarrollan taller creativo en cerros de Antofagasta.
Utilizaron elementos simples (muñeca rota, pelotas de futbol, etc.) que aparentemente no tienen valor significativo. Lo que proponen los estudiantes son imágenes conceptuales cargadas de poesía.
Alumnos:
Pamela Calderón, Loreto Castillo, Javier Garrido, Nicole Maragaño, Alex Miranda, Cintia Moreno, Javier Olivares, Johanna Olmedo, Iván Ramírez, , Nelson Tellez, , Alexis Tejeda, Javiera Villar, Nathalie Rauld, Mario González.
Profesor: Glen Arcos.

Halo
Fotografía: Jorge Jara Campos

acerqueme su oido para decirle lo que siento…
.estoy cansado,
.Perdi la capasidad de reir,
.Estoy sentado sobre pedasos de lluvia
.Y tengo la espalda marchita
.dE tANTA
.NIEbLA
.OSCura.
Fotografía: Jorge Jara Campos
Proyecto FONDART dedicado a los niños y jóvenes de Mejillones, ”La Cámara y Yo” intenta recoger desde la simpleza y lo fantástico de sus mundos, la expresión de una cotidanieidad que abarca los distintos ámbitos de sus vidas, a través de la fotografía.
La ejecución del proyecto es dirigida, otorgada y compartida por dos artistas independientes Glenn Arcos y Luis Andrés Peñailillo, así también, por dos estudiantes de periodismo de la Universidad Católica del Norte, Nicole Barrios y Camila Rivera. Juntos, desde noviembre del 2008 comenzaron su desarrollo. Además, contribuyeron a este proyecto la Corporación Cultural de Mejillones, su Ilustre Municipalidad y Puerto Angamos.
Los niños y jóvenes del proyecto, fueron seleccionados bajo el criterio de su destacado desempeño académico y/o artístico en nuestra Segunda Región.

Una ruta de Antofagasta
Intento no dormir
cabezeo
las formas se desvanecen
semaforo en rojo
saco mi camara oscura
mentalmente cuento-imagino-disaparo
semaforo en rojo
despierto
bajo por atras…
Fotografía: Jorge Jara Campos
Antofagasta
Este es un proyecto dedicado a los niños de Mejillones. La simpleza y lo fantástico de su mundo es la expresión que revela una cotidianeidad, manifiesta en los distintos ámbitos de sus vidas. Todo a través de la fotografía, dirigida, otorgada y compartida por dos artistas independientes Glenn Arcos y Luis Andrés Peñailillo, y dos periodistas Nicole Barrios y Camila Rivera, que permitieron el desarrollo y ejecución de este proyecto FONDART. Además contribuyeron la Corporación Cultural de Mejillones, su Ilustre Municipalidad y Puerto Angamos. Estos niños fueron seleccionados por su destacado desempeño académico y/o artístico de nuestra Segunda Región. 

En el completo abandono, llorosa y rasgada te mantienes flameando con fuerza y tesón.
Sabes que eres fuerte e invensible, que por mas intenso que sea el viento que te golpea seguiras erguida y orgullosa.
Sabes que existe gente que te alentaremos siempre.
No dejes de flamear ya que viendote con esa actitud altiva me siento orgulloso de haberte conocido.
(para una persona que estimo y aprecio)
Fotografía y texto: Patricio Páez, Arquitectura
Antofagasta; Septiembre de 2008

- No importa nada…
Aveces en la vida ,la ira se adueña de nuestros sentidos y donde las paz fue dueña el odio se convierte en amo y señor…
La Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, en su afán por acercarse a la comunidad de la que forma parte, ha diseñado un Taller de Fotografía Digital, dictado por el profesor Glenn Arcos Molina, académico de la Escuela y reportero gráfico de El Mercurio de Santiago.
Para inscripciones o consultas contactarse al fono: 355821

























